V DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
(Isaías 58:7-10; 1 Corintios 2:1-5; Mateo 5:13-16)
Como el domingo pasado, el evangelio
de hoy está tomado del Sermón del Monte. Los discípulos se han acercado a Jesús
para escuchar sus enseñanzas. Él comenzó proclamando “dichosos” o
“bienaventurados” a quienes viven la justicia. En el pasaje que escuchamos hoy,
Jesús utiliza dos imágenes para describir el papel de sus discípulos en el
mundo.
Pero ¿quiénes son los discípulos de
Jesús? Quizá algunos piensan que son solamente los Doce Apóstoles. No puede ser
así, pero, porque además de Simón Pedro y sus compañeros, el evangelio habla de
un número relativamente grande de seguidores de Jesús. Fue de entre ellos que
Jesús escogió a su círculo más cercano de confidentes. La palabra “discípulo”
proviene del latín discipulus, que significa “aprendiz” o “estudiante”.
El papa Francisco llamó a todos los cristianos “discípulos misioneros”. No fue
solo un cumplido piadoso, sino un llamado concreto a los bautizados. Más que
rezar pasivamente en los bancos, todos los cristianos deberían aprender acerca
de Cristo para poder hablar de Él a los demás.
Existe una comunidad protestante que
se autodenomina "Discípulos de Cristo". Se consideran la vanguardia
de un movimiento para unificar un mundo fragmentado. Su espíritu, así como su
nombre, sin duda habrían complacido al expapa. Desafortunadamente, sus
creencias y disciplina no se ajustan totalmente a la tradición católica.
Primero, Jesús llama a sus
discípulos “la sal de la tierra”. La sal tiene muchos usos, desde preservar el
pescado hasta derretir el hielo. No solo es útil, sino también barata. Mahatma
Gandhi, el líder hindú, llamaba a la sal “el condimento de los pobres”. Probablemente
Jesús tiene en mente este uso cuando declara que sus discípulos son como la
sal.
La sal penetra el arroz y la carne
para mejorar sus sabores. De manera semejante, los cristianos están llamados a
penetrar la sociedad para hacerla mejor. La Carta a Diogneto es un
documento del siglo II, escrito para defender las costumbres cristianas frente
a sus muchos críticos. Dice la carta: “Se casan como todos y engendran hijos,
pero no abandonan a los hijos que conciben. Comparten la mesa, pero no el
lecho”. Con el tiempo, las costumbres cristianas de no abortar a los bebés y de
reservar la intimidad sexual para el matrimonio fueron adoptadas por la mayoría
de las naciones.
Sin embargo, en tiempos recientes
hemos sido testigos de una erosión de estos valores. Ahora aun grupos de
cristianos han aceptado la promiscuidad sexual y el aborto. Se podría decir que
para esos grupos “la sal se ha vuelto insípida”. En lugar de mostrar al mundo
la virtud, esos cristianos han adoptado los vicios del mundo.
Aún más común y beneficiosa que la
sal es la luz. La luz hace posible convertir el agua y el dióxido de carbono en
alimento mediante la fotosíntesis, proceso que además libera oxígeno a la
atmósfera. Sin alimento para comer ni oxígeno para respirar, ni la vida humana
ni casi ninguna otra forma de vida podría existir.
Nosotros, discípulos de Cristo,
actuamos como luz cuando compartimos con el mundo las enseñanzas de Cristo.
Ellas sirven como guía que ilumina el camino hacia la paz. Esto se logra más
por el ejemplo que por las palabras, aunque ambos modos de enseñanza son
necesarios. En este mismo Sermón del Monte, Jesús enseña: “Por lo tanto, si al
presentar tu ofrenda en el altar te acuerdas de que tu hermano tiene algo
contra ti, deja tu ofrenda ante el altar, ve primero a reconciliarte con tu
hermano y luego vuelve a presentar tu ofrenda” (5,23-24). Cuando los enemigos se reconcilian, la
sociedad se vuelve más unida y justa.
Jesús nos exhorta a dejar que
nuestra luz brille como “una ciudad construida en lo alto de un monte”. ¿De qué
sirve una luz en el monte si no guía al viajero de regreso a casa? Nosotros,
discípulos de Cristo, estamos en el mundo para ayudar a todos a llegar a su
verdadera casa con el Señor. Lamentablemente, no todos actúan como si quisieran
llegar allí. No importa. Según Jesús, estamos aquí para iluminar el camino
hacia esa casa para todos.